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Aquí está todo por construir

¿Es necesario marcharse del pueblo para triunfar? En su nueva columna de opinión, el colaborador Pablo Lluva Cuenca reflexiona sobre el futuro de la juventud en el entorno rural y rompe con el mito de la migración obligatoria a las grandes ciudades. Con una visión centrada en el potencial de Motilla del Palancar, Lluva invita a su generación a transformar el municipio desde el emprendimiento, la cultura y el compromiso comunitario.

 

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Aquí está todo por construir

Durante mucho tiempo se nos ha repetido una idea casi como un mandato indiscutible: para triunfar, para crecer o para ser alguien en la vida hay que marcharse. Nos han educado con la mirada puesta en las grandes ciudades, convenciéndonos de que el éxito profesional se mide en el número de carriles que tiene la avenida por la que caminas por las mañanas o en la altura de los edificios que te rodean. Parece que quedarse en el pueblo fuera la opción fácil o el sinónimo de una cierta resignación, y no hay idea más equivocada.

Romper con esa narrativa derrotista del «aquí no hay nada que hacer» es, probablemente, uno de los actos más valientes, revolucionarios y creativos que puede hacer nuestra generación. La verdad es que en Motilla del Palancar no es que no haya nada que hacer; es que está todo por construir. Mientras en las grandes urbes corres el riesgo de ser una pieza más en un engranaje gigantesco e impersonal donde casi todo está inventado, en el entorno rural cada proyecto, cada idea y cada iniciativa tiene un impacto real, visible y directo en la vida de tus vecinos.

Apostar por Motilla no significa darle la espalda al mundo ni renunciar a grandes aspiraciones. Se puede pensar en global, formarse en lo más alto y actuar en local. Ya sea emprendiendo un negocio con sello propio, dinamizando la oferta cultural, creando una asociación o simplemente decidiendo desarrollar tu proyecto de vida aquí, el mensaje es el mismo: no te estás quedando atrás, estás ejerciendo un liderazgo real sobre tu entorno. El talento joven que decide echar raíces o regresar para aportar lo aprendido fuera es el auténtico motor que mantiene vivo a nuestro municipio.

 

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Por supuesto, no se trata de pintar un panorama idílico ni de ignorar la realidad. Quedarse o emprender en el pueblo exige arrimar el hombro, enfrentarse a incertidumbres y superar la falta de ciertos recursos que en otros lugares se dan por sentados. Pero es precisamente ahí donde reside el valor de lo comunitario. Aquí no estás solo; cuentas con una red de apoyo, con la cercanía de tu gente y con una calidad de vida que ninguna gran capital te puede comprar. La satisfacción de ver cómo una idea propia transforma tu pueblo y genera oportunidades para otros sencillamente no tiene precio.

Es hora de cambiar el chip de una vez por todas. Debemos empezar a mirar a Motilla no como ese lugar del que hay que salir para triunfar, sino como el escenario perfecto donde tenemos todo el futuro por diseñar. Porque el futuro de nuestro pueblo no va a depender de lo que se decida en despachos lejanos, sino de la energía, las ganas y el compromiso que le pongamos nosotros desde aquí, en el día a día.

Pablo Lluva Cuenca

 

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