Orgullo Manchuela: Gente que inspira. Así es el quirófano móvil único en el mundo que está revolucionando la cirugía… y en el que participa una profesional formada en Motilla del Palancar
Hay historias que inspiran sin hacer ruido.
Historias que no siempre ocupan titulares, pero que, cuando las conoces, cambian la forma en la que miras a tu alrededor. Porque hablan de esfuerzo, de vocación… y de todo lo que puede surgir de una tierra como La Manchuela.
Esta es una de ellas.
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En algunas partes del mundo, una operación no es una rutina médica. Es, directamente, una oportunidad que no existe.
Mientras en Europa la cirugía torácica mínimamente invasiva forma parte del día a día, en muchos países sigue siendo inaccesible. No por falta de pacientes, sino por la ausencia de medios, infraestructuras y formación.
En ese contexto nace una de las iniciativas médicas más ambiciosas de los últimos años: llevar el quirófano allí donde nunca ha llegado.
Detrás de este proyecto está la Fundación Diego González Rivas, una organización que trabaja con un objetivo claro: acercar cirugía de alta complejidad a lugares donde, hasta ahora, era imposible.
Y dentro de ese proyecto, hay también una historia que conecta directamente con La Manchuela.
Entrevista a Lorena Cantero
Enfermera instrumentista en la misión de la Fundación Diego González Rivas en Liberia
Lorena Cantero es natural de Motilla del Palancar y ha formado parte del equipo de enfermería en la misión de la Fundación Diego González Rivas en Liberia. Graduada en Enfermería por la Universidad Complutense de Madrid, ha desarrollado su carrera en el Hospital Clínico San Carlos y el Hospital Ruber Internacional, donde actualmente ejerce como coordinadora del bloque quirúrgico y especialista en enfermería robótica. Cuenta con el Máster Universitario en Cuidados Avanzados del Paciente en Anestesia, Reanimación y Tratamiento del Dolor, y el Máster de Formación Permanente en Enfermería de Práctica Avanzada en el Área Quirúrgica.
¿Cómo ha sido el camino que te ha llevado hasta formar parte de un proyecto internacional como este?
"Mi camino hasta aquí ha sido, sobre todo, una historia de especialización constante. Me gradué en Enfermería hace 18 años y desde el primer momento tuve claro que quería estar en quirófano. Toda mi carrera ha girado en torno a la cirugía: primero en el Hospital Clínico San Carlos, y posteriormente en el Hospital Ruber Internacional, donde actualmente ejerzo como coordinadora del bloque quirúrgico.Pero el punto de inflexión llegó con la cirugía robótica. El Clínico y el Ruber fueron los dos primeros hospitales en España en adquirir el robot Da Vinci, y eso nos convirtió a las enfermeras que estábamos allí en pioneras en esta especialidad. Fue un momento muy especial profesionalmente, porque estábamos construyendo algo nuevo, sin apenas referentes."

¿Cómo surge la oportunidad de colaborar con el equipo del cirujano Diego González Rivas?
"La oportunidad surge de forma natural, a través del entorno profesional y del interés compartido por la cirugía mínimamente invasiva. El trabajo del doctor González Rivas es ampliamente reconocido en el mundo quirúrgico, y fue precisamente en ese entorno de la cirugía robótica donde le conocí. Empecé a trabajar con él y seguimos colaborando a día de hoy en el Hospital Ruber Internacional. Desde el primer momento supe que era un proyecto que iba a aportarme mucho, no solo a nivel profesional, sino también a nivel humano."
Cuando te proponen formar parte del proyecto del quirófano móvil, ¿qué es lo primero que piensas?
"Cuando la directora de la Fundación me contactó para comunicarme que había sido seleccionada para formar parte del proyecto, junto con otras dos enfermeras de Galicia, no me lo pensé ni un momento. Lo primero que sentí fue que era una oportunidad única. Sabía que iba a ser un reto, pero también algo muy especial. Porque no se trata solo de ir a operar. Se trata de llevar una oportunidad a personas que, de otra forma, simplemente no la tendrían."

¿Cómo funciona exactamente esta unidad móvil quirúrgica? ¿Qué tiene dentro y hasta qué punto se parece a un quirófano de un hospital europeo?
"La respuesta corta es: funciona exactamente igual que un quirófano convencional de alta complejidad. No es una solución provisional ni un entorno improvisado. Es un quirófano real, completamente equipado y diseñado para ser totalmente autónomo, lo que permite operar en zonas donde no existe ningún tipo de infraestructura sanitaria adecuada.Tiene todo lo que necesitas: una zona de entrada del paciente, una zona limpia de esterilización donde se prepara el material de cirugía en cirugía, la zona de lavado quirúrgico y el quirófano propiamente dicho, con sistemas de renovación de ciclos de aire que garantizan las condiciones de esterilidad necesarias para cualquier intervención.Todo está pensado para reproducir exactamente las condiciones de un hospital europeo de primer nivel, pero en un entorno móvil. Cuando entras ahí dentro, te olvidas de dónde estás. El material, la tecnología, los protocolos... todo es igual. Lo único diferente es lo que hay fuera."
¿Qué es lo más difícil de trabajar en un entorno como Liberia?
"Sin duda, la adaptación. Y no solo a nivel técnico, sino también a nivel logístico y humano.Lo primero que te golpea es el clima. Liberia tiene una humedad que ronda el 70-80%, y eso, combinado con una jornada de trabajo intensa, es físicamente muy exigente. En un momento dado, el aire acondicionado de la zona exterior de la unidad dejó de funcionar, y tuvimos que seguir trabajando bajo esas condiciones. Dentro del quirófano todo estaba controlado, pero fuera era agotador.El idioma no fue una barrera real, el inglés nos permitía comunicarnos, pero sí lo fue la diferencia cultural. Una parte importante del trabajo fue explicar a los profesionales locales cómo hacemos las cosas, los protocolos, los estándares... para que pudieran darle continuidad a todo cuando nosotros nos fuéramos. Eso requiere paciencia, sensibilidad y mucho respeto.En definitiva, trabajas con los mismos recursos dentro del quirófano, pero en un contexto completamente diferente fuera de él. Y eso te exige adaptarte constantemente."

¿Qué tipo de pacientes os encontráis en estos viajes?
"Pacientes muy complejos, con patologías muy avanzadas. Enfermedades que en España ya no son habituales, o que aquí se tratarían mucho antes. Allí te encuentras con casos de tuberculosis, tumores,.. patologías que han llegado a un estadio muy avanzado simplemente porque esas personas no han tenido acceso ni a un diagnóstico a tiempo, ni a un tratamiento adecuado.En España damos por sentado que si algo va mal, hay un sistema que te detecta y te trata. Allí eso no existe para la mayoría. Muchos de esos pacientes llevaban años conviviendo con una enfermedad que tenía solución, sin saberlo, o sabiéndolo pero sin poder hacer nada. Eso te impacta mucho cuando lo ves de cerca."
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¿Qué significa para ellos poder acceder a una operación?
"Es literalmente una segunda oportunidad. Para muchos, es la única opción que han tenido en su vida.Cuando los ves antes de entrar al quirófano, el miedo está en su cara. Es un miedo muy humano, muy real. Pero cuando les coges de la mano y les acompañas, notas cómo se van tranquilizando poco a poco.Y luego está el día siguiente. Eso es lo que no se olvida. Pacientes que acababan de pasar por cirugías de una complejidad enorme, y que al día siguiente parecía que no se hubieran operado. Y en su cara ya no había miedo. Había ilusión. Había alegría. Se les veía en los ojos.Es difícil de explicar con palabras, pero cuando lo ves, lo entiendes todo."
¿Recuerdas algún caso o historia que te haya marcado especialmente en Liberia?
"Sí, hay un caso que no voy a olvidar. Un paciente con un sarcoma, un tumor de gran tamaño que impactaba solo con verlo en las imágenes del TAC, y que físicamente también era visible. Llegó a nosotros en una situación muy comprometida, con una capacidad respiratoria muy limitada. Era un caso urgente, no había margen para esperar.Lo subimos al quirófano y la intervención fue muy exigente. Esa noche, la incertidumbre estuvo presente para todo el equipo.Pero al día siguiente, cuando pasamos visita, nos dijo que se encontraba bien. Que respiraba. Para nosotros, que le habíamos visto llegar en ese estado, fue un momento de alivio enorme. De esos que te recuerdan por qué haces lo que haces.Pero más allá de los casos concretos, lo que realmente te impacta es la actitud de los pacientes. La gratitud, la confianza que depositan en ti, incluso en situaciones muy difíciles. Eso es algo que no se aprende en ningún hospital y que te cambia como profesional y como persona."

¿Qué es lo que más te ha impactado a nivel personal de esta experiencia?
"La realidad de la desigualdad en el acceso a la sanidad. Cuando lo ves de cerca, te impacta de una forma que no esperabas. No es algo que lees en una noticia o ves en un documental. Lo estás viviendo.Volver a España te hace reflexionar. Te das cuenta de la suerte que tenemos: el acceso a tecnología de vanguardia, a diagnósticos tempranos, a tratamientos... cosas que aquí forman parte de nuestro día a día.Esta experiencia te cambia la perspectiva. Te hace valorar lo que tienes y entender la importancia de proyectos como este."
¿Cómo se adapta todo tu conocimiento en cirugía avanzada y tecnología puntera a un entorno como este?
"Se adapta gracias a la planificación y al diseño del propio quirófano móvil, que está pensado precisamente para reproducir las condiciones de un hospital de primer nivel en cualquier lugar del mundo. Pero más allá de la tecnología, requiere algo que no se improvisa: experiencia, recursos propios como enfermera y una gran capacidad de trabajo en equipo.La preparación empieza mucho antes de viajar. La unidad tiene que estar completamente inventariada, saber qué quedó de la misión anterior, qué hay que reponer, qué material específico necesitas para las cirugías previstas. Se hacen varias reuniones de equipo antes de partir para prever cada detalle, porque una vez allí, no hay una farmacia a la vuelta de la esquina ni un almacén al que recurrir.Esa capacidad de previsión y gestión es tan importante como la destreza técnica dentro del quirófano. Al final, una buena cirugía empieza mucho antes de entrar en el quirófano."

¿Crees que este tipo de proyectos pueden cambiar el futuro de la medicina a nivel global?
"Sin duda. Y la clave está en que no solo operan, también forman. Dejan conocimiento. Eso es lo que marca la diferencia a largo plazo.En Liberia lo pudimos ver de primera mano. Los profesionales locales estaban enormemente interesados, se acercaban a observar todas las intervenciones, se colocaban detrás aunque el espacio fuera muy limitado. Había una expectación y una sed de aprender que era muy llamativa. Eso es exactamente lo que necesita un proyecto así para tener un impacto real y duradero.Y creo que el modelo es perfectamente extensible. Este quirófano móvil no tiene por qué limitarse a la cirugía torácica. Otras especialidades podrían beneficiarse de él, llegar a otros países, a otras comunidades. El potencial es enorme."

¿Qué hace exactamente una enfermera instrumentista durante una operación?
"Somos responsables de que todo el material esté preparado, de mantener la esterilidad y de anticiparnos a las necesidades del cirujano. El objetivo es que no tenga que retirar la mirada del campo quirúrgico en la medida de lo posible. Para eso hay que conocer muy bien al cirujano, su técnica y su forma de operar, e intentar ir siempre un paso por delante. No es fácil, pero es parte del reto.Todo esto se hace en coordinación constante con tu enfermera circulante, sin ella no eres nadie, porque en quirófano somos dos. Y en una misión como la de Liberia, la exigencia es aún mayor. El material es limitado y hay que optimizarlo al máximo, sin desperdiciar nada. Cada instrumento, cada sutura, cada material se pide en el momento exacto en que se necesita."
En un proyecto como este, ¿tu papel cambia o se vuelve aún más exigente?
"Se vuelve mucho más exigente. Tienes que ser más resolutiva, adaptarte rápido y trabajar en un entorno menos predecible. Hay que tener recursos para cualquier tipo de complicación, tanto a nivel de material como de la propia cirugía.Y a todo eso se suma estar a la altura de un cirujano como el doctor González Rivas, que es reconocido como el mejor cirujano torácico del mundo. Eso ya de por sí es un nivel de exigencia muy alto. Hacerlo además en un entorno como Liberia lo convierte en uno de los mayores retos profesionales que he vivido."

¿Qué has aprendido de esta experiencia que no te haya dado ningún hospital?
"La capacidad de adaptación y una perspectiva global de la medicina que no se aprende en ningún hospital. Allí entiendes realmente el impacto de tu trabajo, de una forma que en el día a día es difícil de percibir.Pero si hay algo que me llevo especialmente, es la calidad humana de la gente que te rodea. No solo el personal de enfermería o los cirujanos, sino todo el equipo, incluidos los técnicos, los cámaras , ingenieros. Había una disposición constante a ayudar, a colaborar, a resolver. Y se generó un ambiente de equipo que era contagioso, nos contagiábamos los unos a los otros. Ese tipo de energía no se encuentra en cualquier sitio."
¿Te gustaría seguir vinculada a este tipo de proyectos en el futuro?
"Sí, sin duda y sin pensármelo. Volvería a repetir una y mil veces más. Ha sido una experiencia que aporta muchísimo a todos los niveles, y para mí ha sido un auténtico privilegio formar parte de este equipo."
Si tuvieras que resumir esta experiencia en una frase, ¿cuál sería?
"Privilegio y vocación hechos realidad."
¿Qué le dirías a alguien de Motilla del Palancar que sueña con dedicarse a la sanidad?
"Que no importa de dónde vengas. Con esfuerzo, formación y constancia, puedes llegar a formar parte de proyectos que tienen impacto en cualquier parte del mundo. Motilla del Palancar me dio mis raíces, y esas raíces me han acompañado hasta Liberia."
Desde Motilla del Palancar queremos agradecer a Lorena Cantero su tiempo y su cercanía al compartir una experiencia tan relevante como esta.
Su testimonio no solo ayuda a entender la dimensión del trabajo que desarrolla la Fundación, sino que también pone en valor el impacto real de este tipo de iniciativas.
A menudo se asocia el impacto global con grandes ciudades.
Pero no siempre es así.
Porque también hay historias que nacen en sitios como Motilla del Palancar. Personas que se forman, que trabajan en silencio… y que terminan formando parte de proyectos capaces de cambiar vidas al otro lado del mundo.
Son los grandes desconocidos de La Manchuela.
Personas que no siempre salen en los titulares, pero que están haciendo cosas que, a veces, cuesta imaginar.
Y que están más cerca de lo que pensamos.
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