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El cielo al descubierto: La Osa Mayor y sus mitos: de Seth a Calisto

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Queridas lectoras y lectores hoy toca contar las historias mitológicas de la Osa Mayor y la Osa Menor a través de Egipto, Grecia y Roma.

En el anterior artículo pusimos en marcha la máquina de tiempo que nos permite viajar por las estrellas y avisamos que tendríamos una segunda parte con un punto de vista histórico de las constelaciones de las Osas.

Me gustaría que imaginaseis a un viejo sabio, con largas barbas blancas, ataviado con una túnica parda y sujetando sus años y sus conocimientos con un cayado, esperando el momento cuando cae la noche y el cielo se llena de estrellas, para golpear entonces, el suelo con el cayado, gritando a todo el mundo, que ya estaba preparado para empezar a contar sus historias. No debía de ser muy distinto ese momento al que os he contado, un viejo maestro llamando a sus alumnos en torno a un fuego, tal vez, al tiempo que cae la noche y aparece entre las estrellas una figura que parece imposible no reconocer. Cuatro estrellas forman un gran cuadrilátero. De una de sus esquinas nace una curva de tres estrellas. Es el Carro de la Osa Mayor. Muy cerca, alrededor del polo norte celeste, encontramos otro pequeño grupo de estrellas: la Osa Menor, cuya estrella más famosa es Polaris, la Estrella Polar.

Hoy las llamamos así casi sin pensarlo.

Pero durante miles de años, aquellas mismas estrellas tuvieron otros nombres. Para nuestro viejo maestro del antiguo Egipto no eran necesariamente dos osas. Si nuestro maestro era griego podían ser una ninfa convertida en animal, una madre perseguida por su propio hijo o dos cuidadoras del dios Zeus. Y para un magister romano se convirtieron en parte de la gran historia de Júpiter, Juno y Calisto. Y entre ellas se deslizaba amenazante, un enorme dragón. La historia de estas estrellas es, en realidad, la historia de cómo distintas civilizaciones intentaron explicar el mismo cielo.

EL CIELO DEL NORTE: LAS ESTRELLAS QUE NUNCA MUEREN

Imaginemos una noche en el antiguo Egipto, donde nuestro sacerdote impartía clases en un templo, NO hay contaminación lumínica. Sobre el desierto, el cielo aparece completamente cubierto de estrellas. Pero nuestro sabio sabe que hacia el norte algo extraño ocurre en el cielo, mientras algunas estrellas nacen por el horizonte oriental, recorren el cielo y desaparecen por el oeste, hay otras estrellas que parecen no ponerse nunca, giran alrededor de un punto en el cielo y permanecen eternamente visibles. Nuestro sacerdote egipcio las empezará a llamar: las estrellas imperecederas.

Aquellas estrellas tenían un significado religioso extraordinario, el faraón muerto podía aspirar a convertirse en una de ellas, el cielo septentrional era, por tanto, un lugar de eternidad. Y entre aquellas estrellas se encontraba una de las figuras más importantes de la astronomía religiosa egipcia.

Los antiguos egipcios no representaban la Osa Mayor como una osa. La región que hoy identificamos aproximadamente con el Carro estaba asociada a una figura conocida como Meskhetiu, representada como la pata o muslo delantero de un toro. La imagen aparece en diferentes representaciones astronómicas egipcias. Pero ¿por qué una pata de un toro? Porque el cielo estaba profundamente relacionado con la religión y con el mito de “Osiris y Seth”. Pero para entender la complejidad mitológica de Egipto, nos tenemos que transportar a 3000 años antes de Cristo donde una deidad primigenia super importante, llamada Nut, la diosa del cielo estrellado, que todas las mañanas da a luz al sol y todas las noches se lo come, así, literal, lo paría para comérselo después, que es la mejor forma de entender a una deidad de ese calibre; Nut fue la madre de Osiris y de Seth, Oh sorpresa!!, y el padre era Geb, Dios de la tierra, por lo tanto un Dios menor, aunque fuera el primer faraón, ya me entendéis, la jefa era la jefa.

Seth era una divinidad asociada al desierto, las tormentas, el desorden y la violencia. En la mitología, Osiris era esposa de Isis, y era el Dios de la fertilidad, de la vegetación y la agricultura,…no olvidemos que Egipto siempre fue una civilización agrícola, por lo tanto Osiris era el Dios más venerado, aunque más adelante fue Dios del Inframundo y el juez de los muertos, ¿Porque? Porque Seth lo asesina, aunque fuera a su hermano, era también su rival. Osiris muere.

Su cuerpo es despedazado. Isis emprende entonces la búsqueda de los fragmentos de su esposo para reconstruirlo. El drama de Osiris, Isis y Seth era uno de los grandes relatos religiosos del Egipto antiguo.

Y una parte de ese conflicto fue proyectada simbólicamente sobre el cielo.

SETH EN EL CIELO

En las representaciones astronómicas egipcias, la pata de toro aparece relacionada con Seth. La imagen resulta poderosa. Seth, el dios del caos, queda representado en el cielo por una pata de animal que permanece atrapada en la región septentrional, es decir, donde ahora vemos todos nosotros a la Osa Mayor. En algunas representaciones aparece una figura femenina asociada a ella, interpretada en determinados contextos como una entidad que mantiene controlada la pata. El mensaje simbólico es profundo: el caos está controlado.

Mientras el mundo terrestre cambia y los seres humanos mueren, las estrellas circumpolares permanecen. El cielo del norte se convierte así en una representación del orden cósmico. Ahora igual entienden las lectoras y los lectores, porque existe un Egipto de grandes monumentos, relacionados todos con el ciclo de la vida y de la muerte, cuya inmensidad en todos los aspectos, sobre todo complejidad constructiva y arquitectura casi imposible, fue posible por unas creencias que se impusieron con la relevancia nocturna, al ver las estrellas.

LA PATA DEL TORO Y EL RITUAL DE LA MUERTE

En el antiguo Egipto el faraón financiaba expediciones al desierto, para recolectar minerales, tal que cobre, oro, y también algunos fragmentos de hierro que intrigaban a los sacerdotes y que llamaban “hierro del cielo” y que entregaban a los “Ununti” que eran esos sacerdotes. Esos fragmentos no eran otra cosa que meteoritos que se encontraban fácilmente en la inmensidad de la dorada arena en los desiertos, y que tenían una propiedad increíble para ellos, magnetismo, eso asociado a que sabían que venían del cielo, las convertía en piedras que venían de la inmortalidad.

La palabra “meskhetiu” tiene una conexión especialmente interesante con el mundo funerario. El término está relacionado con un instrumento utilizado en el ritual egipcio de la Apertura de la Boca. El mismo ritual que toda la vida se ha venido realizando cuando nace un bebé, limpiarle la boca para quitarle los restos que pudiera tener que impidan su respiración para darle la bienvenida a la vida. La ceremonia tenía como finalidad devolver simbólicamente al difunto sus capacidades vitales, igual que en el nacimiento.… Poder respirar, la boca además debía poder hablar. El cuerpo debía poder respirar. El difunto debía poder comer y participar nuevamente en la existencia del Más Allá. La asociación entre el instrumento ritual y la región celeste es fascinante. Para ello se utilizaba una especie de azuela, “la azuela de Upuaut”, os la tenéis que imaginar, con la forma del asterismo de la Osa Mayor…., si, con esa forma, ¿a qué parece alucinante?, con esa herramienta, que en su punta tenía un meteorito, ( si veis la imagen de las estrellas del asterismo de la Osa Mayor, ni más ni menos donde esta la estrella “Dubhe”), es decir, algo caído de las estrellas inmortales, se tocaba la boca, los oídos y el corazón, en una ceremonia que no era una despedida sino una bienvenida.

La muerte no significaba desaparición.

El faraón podía viajar hacia el cielo y convertirse en una estrella imperecedera. Por eso, cuando un egipcio miraba hacia el norte, no contemplaba simplemente un grupo de estrellas.

Contemplaba una posible puerta hacia la eternidad.

Ese griego dijo algo que cambió la civilización, apareció una palabra que cambiaría para siempre la identidad de aquella región del cielo:

“ÁRKTOS”

"OSO".

Y nació la Osa Mayor.

Pero los griegos no tenían una sola historia para explicar aquellas estrellas. Tenían varias. Y algunas de ellas se cruzan entre sí. Se mezcla con una memoria en la que predomina un resorte cazador cuando la humanidad ya había consolidado la cultura agrícola sedentaria, las tribus ya no perseguían a los rebaños, estos estaban domesticados y se desarrollaba la agricultura, de esas tribus de la edad del bronce.

LA CAZADORA

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En Arcadia, esa región feliz del imaginario mitológico, vivía una joven llamada “Calisto”. Era hija de Licaón y, según algunas tradiciones, formaba parte del séquito de “Artemisa”, diosa de la caza. Calisto era una cazadora. Vivía entre bosques, montañas y animales salvajes. Había hecho voto de castidad y había consagrado su vida a Artemisa.

A partir de aquí las fuentes antiguas ofrecen diferentes versiones.

En una de las más conocidas, Zeus se acerca a Calisto adoptando la apariencia de Artemisa para conseguir aproximarse a ella. Calisto queda embarazada.

Y ese secreto no puede permanecer oculto para siempre.

La historia parece de otros tiempos, y así es…

LA IRA DE HERA

Cuando la esposa de Zeus, HERA, descubre lo sucedido, su reacción es terrible.

Las versiones antiguas difieren sobre quién transforma a Calisto, pero todas son catastróficas En algunas es Hera. En otras, Artemisa.

En otras tradiciones la transformación está vinculada directamente con Zeus.

Pero el resultado es el mismo. Calisto deja de ser humana.

Su cuerpo se cubre de pelo. Sus brazos se convierten en patas. Su rostro cambia. Calisto se transforma en una osa. Pero conserva su conciencia. Sigue pensando como una mujer. Sigue recordando quién era. Y sigue siendo capaz de reconocer a su hijo:

Pero los griegos no tenían una sola historia para explicar aquellas estrellas. Tenían varias.

Y algunas de ellas se cruzan entre sí. Se mezcla con una memoria en la que predomina un resorte cazador cuando la humanidad ya había consolidado la cultura agrícola sedentaria, las tribus ya no perseguían a los rebaños, estos estaban domesticados y se desarrollaba la agricultura, de esas tribus de la edad del bronce

LA CAZADORA

En Arcadia, esa región feliz del imaginario mitológico, vivía una joven llamada “Calisto”.

Era hija de Licaón y, según algunas tradiciones, formaba parte del séquito de “Artemisa”, diosa de la caza. Calisto era una cazadora. Vivía entre bosques, montañas y animales salvajes.

Había hecho voto de castidad y había consagrado su vida a Artemisa. Pero Zeus la vio. Y se enamoró de ella.

A partir de aquí las fuentes antiguas ofrecen diferentes versiones.

En una de las más conocidas, Zeus se acerca a Calisto adoptando la apariencia de Artemisa para conseguir aproximarse a ella. Calisto queda embarazada.

Y ese secreto no puede permanecer oculto para siempre. La historia parece de otros tiempos, y así es…

LA IRA DE HERA

Cuando la esposa de Zeus, HERA, descubre lo sucedido, su reacción es terrible.

Las versiones antiguas difieren sobre quién transforma a Calisto, pero todas son catastróficas En algunas es Hera. En otras, Artemisa.

En otras tradiciones la transformación está vinculada directamente con Zeus. Pero el resultado es el mismo. Calisto deja de ser humana.

Su cuerpo se cubre de pelo. Sus brazos se convierten en patas. Su rostro cambia. Calisto se transforma en una osa. Pero conserva su conciencia.

Sigue pensando como una mujer. Sigue recordando quién era. Y sigue siendo capaz de reconocer a su hijo:

ARCAS

Calisto había tenido un hijo de Zeus. Y se llamaba:     Arcas.

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El niño crece lejos de su madre. Con el paso de los años se convierte también en cazador. Un día, en el bosque, se encuentra con una enorme osa. Arcas prepara su arma.

La osa lo observa. Es Calisto. Ella reconoce inmediatamente a su hijo.

Pero Arcas no sabe que aquella osa es su propia madre. Levanta el arma. Está a punto de matarla.

Y entonces Zeus interviene. MADRE E HIJO SUBEN AL CIELO

Zeus no puede permitir que Arcas cometa la barbaridad de matar a su madre. Así que transforma el destino de ambos.

En una de las tradiciones más conocidas, Zeus coloca a Calisto entre las estrellas como: LA OSA MAYOR.

Y Arcas queda asociado a otra figura celeste, LA OSA MENOR. Tradicionalmente vemos a estas constelaciones como protectoras, como así las diseñó Zeus, intentado proteger tanto a la madre como al hijo de la ira de HERA.

Así, una tragedia divina se convierte en una historia celeste.

Cada noche, Calisto y su hijo vuelven a aparecer sobre nuestras cabezas.

Pero para explicar el porque de estas constelaciones y sus nombres, existe la versión anterior, ya estamos sobrepasando la edad del bronce, y estamos pensando en que el mito tiene unos fundamentos más fuertes, el BOYERO o como conocemos hoy a la Constelación de Bootes, es una constelación a las que nos lleva la vara del carro de la Osa Mayor y cuya estrella más brillante se llama precisamente ARTURO, ( ¿No os recuerda a ARCTOS?), que no es más que un pastor de bueyes, pero, ¿de dónde viene ese nombre?..

Si existe un grupo de estrellas que forman una constelación que justifica el nombre de pastor de bueyes, es porque los bueyes existieron en algún momento, y es porque esos bueyes hacían posible que el cielo girase alrededor de la estrella polar…, de alguna manera había que justificar lo que los egipcios llamaban estrellas imperecederas, que eran las constelaciones circumpolares, y es que la constelación de la Osa Mayor apunta a un punto alrededor del cual todo el firmamento gira, y ese punto es, la estrella Polar, alineada como está con el eje de rotación de la tierra, por lo que aparentemente todo el firmamento gira alrededor de esa estrella.

Una vez, los Egipcios se dieron cuenta que existían unas estrellas imperecederas, ¿lo recordáis? , para los griegos “arcaicos” ( ¿este, “ARCaicos” os recuerda a algo? ), esta constelación de la Osa Mayor eran Siete Bueyes que gracias al pastor de bueyes movían el firmamento cada noche. Era una forma de entender el porqué se movía el firmamento alrededor de un punto fijo.

Por eso, también, llamamos Septentrional a la parte norte del cielo, porque Septum Triones significa, Siete Bueyes, es decir, la Osa Mayor, y que apunta al Norte.

PERO HERA NO HABIA TERMINADO AUN CON SU VENGANZA

Hera descubre que Calisto ha recibido un lugar entre las estrellas. Y como no, se cabrea muchísimo. Así que busca una última forma de castigarla. Según la versión de Ovidio, Hera acude a Océano y Tetis, ( que eran unos dioses primigenios de los mares y las aguas) . Les pide que nunca permitan que las Osas se bañen en sus aguas.

Y aquí el mito explica una realidad astronómica.

Las Osas son constelaciones circumpolares. Desde determinadas latitudes septentrionales: nunca desaparecen completamente bajo el horizonte, (Como en Cuenca).

Giran. Vuelven a girar. Y vuelven a aparecer. Pero nunca se sumergen completamente en el océano, es decir, el horizonte.

La astronomía se convierte así en mito. HELICE Y CYNOSURA

Pero todavía existe otra historia. Una historia que no habla de Calisto. Porque es más antigua. Cuando Cronos supo que uno de sus hijos estaba destinado a destronarlo, decidió devorar a sus descendientes. Rea consiguió ocultar al pequeño Zeus. El niño fue llevado a Creta.

Allí fue protegido y alimentado lejos de su padre.

En algunas tradiciones aparecen dos figuras femeninas asociadas a su cuidado:

Helice y Cynosura.

Más tarde, Zeus las recompensaría colocándolas entre las estrellas. Helice se convirtió en: la Osa Mayor.

Cynosura en: la Osa Menor.

Esta tradición es especialmente importante porque explica las dos Osas como un conjunto.

No son necesariamente madre e hijo. Son dos figuras que compartieron una función protectora alrededor de Zeus.

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Por esto que llevamos contando, esta parte del cielo de la que estamos hablando desde hace un rato, es un lugar protector, desde el inicio de los tiempos siempre se nos ha dicho que esta parte de la inmensidad del universo nos protege en el vida y en la muerte, nunca tenemos que perder el Norte, y si algo disturba nuestro rumbo tenemos que buscar el horizonte Norte para encontrar la protección que nos conserva la vida.

CYNOSURA Y LA NAVEGACIÓN

La Osa Menor tenía además una ventaja que cambiaría la historia de la navegación. Sus estrellas, como ya sabéis, se encuentran cerca del polo norte celeste.

Y allí está: Polaris. La Estrella Polar.

Los navegantes podían utilizarla para determinar aproximadamente la dirección norte. Los griegos conocían esta utilidad. Pero las fuentes antiguas señalan especialmente a los “fenicios” como grandes usuarios de la Osa Menor para orientarse en el Mediterráneo.

Por eso la Osa Menor recibió también el nombre de: "la Fenicia". La astronomía se convertía en una herramienta práctica.

Las estrellas que habían sido personajes mitológicos podían ahora convertirse en instrumentos de navegación.

TALES DE MILETO

La tradición antigua relaciona a Tales de Mileto con la introducción o difusión de la Osa Menor entre los griegos como referencia astronómica.

Este tipo vivió aproximadamente en los siglos VII-VI a. C. y es considerado uno de los primeros pensadores griegos que intentaron explicar la naturaleza mediante principios racionales.

La tradición también lo relaciona con conocimientos astronómicos procedentes del mundo oriental, es decir, de la antigua Babilonia.

Y aquí encontramos una idea fundamental para comprender la historia de la astronomía: las culturas no estudiaban el cielo de forma aislada. Los conocimientos viajaban.

Egipcios, babilonios, fenicios y griegos compartieron observaciones, técnicas y tradiciones. El cielo era el mismo. Lo que cambiaba era la historia que cada pueblo construía sobre él.

HOMERO Y EL CARRO

Mucho antes de que existieran los catálogos astronómicos modernos, Homero ya mencionaba esta región del cielo. En la “Odisea”, tenemos otra vez al viejo sabio barbudo golpeando el suelo con su cayado y anunciando a todos que, la Osa tiene también el nombre de “El Carro”.

La referencia es especialmente interesante porque demuestra que la figura era reconocible dentro de la tradición griega arcaica. La constelación ya no era simplemente un conjunto de estrellas.

Era una referencia para orientarse. ARATO: EL CIELO COMO POESÍA

¿A quien no le gusta la poesía?. Hubo un tiempo en que los viejos sabios y sacerdotes, engatusaban al personal con cantos en forma de poesías para poder memorizar las historias antiquísimas y que se pudieran recordar. En el siglo III a. C., el poeta y astrónomo “Arato de Solos” escribió los “Fenómenos”.

En su poema describe el cielo y las constelaciones. Habla de las dos Osas y de su posición alrededor del polo. Y explica también algo que ahora nos resulta muy familiar: nunca se ponen. Arato conserva además los nombres de: “Helice” ( que nos recuerda a algo que da vueltas,¿verdad?) y “Cynosura”.

La poesía se convierte así en una forma de transmitir conocimientos astronómicos. ENTRE LAS DOS OSAS: EL DRAGÓN

Y mientras Calisto y Cynosura giran alrededor del polo, una enorme serpiente celeste se desliza entre ellas. Es DRACO, el Dragón.

Su cuerpo serpentea entre la Osa Mayor y la Osa Menor. En diferentes tradiciones mitológicas se relacionó con distintos dragones, pero una de las asociaciones más famosas es la del dragón que custodiaba las manzanas de oro de las Hespérides. Era un guardián. Aunque otra versión nos dice que es una amenaza, que acecha a nuestro Norte, hacia donde la humanidad navega, y nos avisa de los peligros que rodean al que busca un horizonte de prosperidad

De todas formas el cielo del norte se convierte con este relato en un auténtico escenario de película, que nos lleva montados en un Dragón, a navegar en las diferentes civilizaciones que nos han precedido.

Esteban Donate

AstroCuenca

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